Verlos arriba del escenario resulta ser toda una experiencia, sea por la trepidante velocidad que alcanzan, sea por que su música posee el efecto bola de nieve , crece, crece y no para, volcándose los instrumentos unos sobre otros, para que juntos entonen de nuevo las mismas notas, solo para detenerse en un momento que ofrece nuevos horizontes en donde seguir con esta adoración, son un “que pasaría si una ballena fuera un saxo de su talla”.
El sonido grave, oxidado, lirico y redoblante de Jonas “Coolhammer” vibrando con los platillos de Jonas Holgersson, ambos guiados por el piano de Torbjörn Gulz, cerrando la marcha el violín-toro de Torbjörn Zetterberg tratando de ser los tres instrumentos, su jazz posee presencia y personalidad, ambas constantes y contundentes.
Más allá de la compenetración inmediata del publico, el carisma se percibe en su música, siempre amigable y accesible para cualquier escucha por muy exigente que este crea ser, son ineludibles a la provocación de seguir el ritmo de su sincopa que flirtea con el R & B, son la esencia de lo que un buen músico debe o puede hacer, poner al alcance del escucha música buena, pero “enmascarada” con la excelencia de la sencillez.
Fotos: Eduardo Banda Olivares
CARPE DIEM

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