Este retiro voluntario acaba ahora conmigo, todos los días el periódico, las columnas, las noticias, el tiempo…
¿Importa tanto saber que opina tal o cual persona? o ¿Incluso la continua revisión de las letras reporteadas, me hace concluir que lo único que en verdad falta es que todos se pongan a trabajar y le dejen de hacer al pendejo y de paso hacerse más pendejo al pueblo¡¡¡
La cabeza me bulle no se si de ideas o de dolor, o tal vez de saturación, como aquel que se fuma hasta la colilla de un cigarrillo y ostenta ese olor agridulce en el semblante pálido de ojos irritados.
No lo se, solo quiero despertar de esta vida gris y repetitiva… aunque con pena me despido de Ochoa (La vida va), Solórzano (Apuntes del centro), Franco (Lo volvería a hacer), López Dóriga (En privado), Marín (Asalto a la razón), Gómez Leyva (La historia en breve), Pérez-Reverte (Patente de corso), Rivera (Un poco de jazz), Olaio, Micha, Monsiváis y Zabludovsky (Bucarelli)…
Espero leerlos luego o tal vez más pronto de lo que imagino, cuándo la cabeza se haya cansado de las tardes de película o lectura o en su defecto cuando me canse de contemplar estas nubes… CARPE DIEM.
El siguiente pie de foto para estas imagenes lo plasmo Arturo Ávila Cano... Gracias por su poesía dibujada:













"Cuando no se encuentra sentido en el quehacer cotidiano casi siempre buscamos una respuesta mirando al cielo, en busca de algo que nos dé un norte."

3 comentarios:
Eduardo
Qué mejor motivo para despejar la mente de tantas doctrinas y textos doctos de periodistas y seudoperiodistas que contemplar un cielo tan bello. Cuando no se encuentra sentido en el quehacer cotidiano casi siempre buscamos una respuesta mirando al cielo, en busca de algo que nos dé un norte. Esas imágenes me hicieron recordar un hermoso poema de Pablo Neruda:
Dios, ¿de dónde sacaste para encender el cielo este maravilloso crepúsculo de cobre?
Por él supe llenarme de alegría, de nuevo, y la mala mirada supe tornarla noble.
Entre las llamaradas amarillas y verdes se alumbró el lamapadario de un sol desconocido que rajó las azules llanuras del Oeste y volcó en las montañas sus fuentes y sus ríos.
Dame la mga fiesta. Dios, déjala en mi vida, dame los fuegos tuyos para alumbrar la tierra
Deja en mi corazón tu lámpara encendida y yo seré el aceite de su lumbre suprema...
Qué tal Eduardo! Gracias por darte la vuelta en mi blog, que no es nada especial, pero me gusta mucho. Gracias también por el comentario que ahí dejaste.
Veo que también eres de los que disfruta admirando el cielo... Te felicito.
Dentro de esas coincidencias del cyberespacio llegué a tu blog y entonces contemplo el cielo. Leo a Arturo y pienso en el dejo de cotidiano con el que conocemos a las personas.
Ahora me siento como en una turbulencia donde sé que en cada uno descubriré a alguien nuevo.
EL mundo parece estar jodido. Pero hay quienes podemos hacer algo para que no se joda...
Buena Vibra
Lila
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