Pues bien, ya en medio de este equilibrio preciso de formas, relieves, forjados y columnas, poco a poco fui congelando piezas que llamaron mi atención, algunas, 12 para ser precisos figuran en este folio, otras, con el tiempo tal vez salgan y aparezcan aqui, continuo, ya con 36 exposiciones en el "magazine", trabajo en ellas y se me pide que use los efectos para darles una articulación, similar a lo que ocurre cuando analizamos algo, y es en ese preciso momento que me asalta el fantasma de la duda matizado con la voz de Vitruvio, o al menos supongo - no se por que -, que es él, y me suspira no en el oído, no, en el interior, me habla y exige que no olvide la dispocisión, la proporcion, la distribución y el orden arquitectonico... me detengo y discuto con el argumentando:
No eres tú Vitruvio, no te he olvidado, soy yo, no entiendes que hay algo más fuerte incluso que tú espectral y cuasi-divina presencia que no me permite "divertirme" como en otras ocasiones con las imagenes, tal vez, es por un prejuicio concebido de la imagen, tal vez es simple y sencillamente que mi voz se ha quedado sin habla ante esa "venusta"...
¿Excentrico? tal vez, aunque conciente de que la imagen, al igual que las edificaciones, las construye la creatividad del hombre, las construyen personas que desafian al status quo, pero, y aqui es donde necesitamos - casi todos -, no solo enaltecer, sino tener la capacidad - lease "huevos" -, de mostrar que la grandeza de la imagen - o construcción -, no radica solo en su tamaño, ni en su belleza, quiza tampoco en su color, sino en la lectura que muestra sin su matiz, sin su grandeza, ad acta... el hombre dedicado ha enaltecer cualquier "res", debería de tener la obligación de destruir eso que tanto trabajo le costo crear... ¡Mate Vitruvio!, ¡Ave Sum!












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